Buenos días papá. Me has dicho que hoy por fin vas a leer lo que te escribí con tanto amor.
Tengo que regalarte un ordenador y ponerte al día de las nuevas tecnologías. No puedes perderte el bautizo literario de tu hija después de las lágrimas y las preocupaciones con que te he arañado en estos años.
Espero que te guste... Y cuando puedas me llamas. Tengo que contarte algo muy especial. En privado. Sé que te encantará. Espero que sea la recompensa de tantos desvelos. Si puedes lee todo lo que he publicado. Y te irás haciendo a la idea. Tu texto es "Homenaje a mi padre". Siempre soñé con contar tu historia y que la vida nos diera el tiempo para que tú la leyeras. Soy muy afortunada de tenerte.
Mami, no te pongas celosa. También te amo. Mucho. Pero sabes que los noveleros somos nosotros.
Que tengáis un buen día.
Besos de Julia. Os adora.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


Sabía que lo harías. Eres maravillosa.
ResponderEliminarQUERIDA MARÍA:
ResponderEliminarMe ha parecido estar leyendo una novela mientras te leía, y siento que conozco algo a tu padre. ¿Te puedes creer que yo apenas me atreví a escribir unas pocas palabras en un diario infantil (bien conservado, por cierto) cuando mi padre falleció? Aún no he sido capaz de escupir tanto con tinta, porque sobrevaloro, con toda la razón, lo que pueda decir y sentir... y sé que lloraré...
Sirve de terapia, de homenaje, de canalización. Me alegra que lo hayas hecho y, como otras veces y tantos otros, te animo a a seguir haciéndolo.
Un tremendo abrazo, de tu compañera de primer ciclo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarTe escribo en esta entrada porque es lo más reciente que has escrito. Disculpame por haberte hecho esperar tanto tiempo. El estrés de mi nueva vida me impedía pararme a pensar, a sentir el calor del sol, el frescor del viento y a escribir desde el corazón. Y tú te mereces no un mero comentario sino una carta escrita con tiempo y cariño. Espero que merezca la pena. Gracias. Te quiero. Un beso.
ResponderEliminarGracias doy a Dios por encontrarme contigo en el camino, compañera.
Gracias por enseñarme que los silencios también se escuchan y que la discreción a veces es el mejor escaparate con el que venderte.
Gracias por hacerme sentir especial.
Gracias porque como don Manuel y Ángela empezamos siendo maestro y aprendiz, confesante y confesor y poco a poco nos hemos ido conociendo y casi sin darnos cuenta se invertían las tornas y al final hemos terminado siendo iguales el uno para el otro, amigos diría yo.
Gracias por entrar en mi mundo y sin pedir permiso abrir sus ventanas al exterior.
Gracias porque sin quererlo me ayudaste a descubrir un yo que no conocía.
Gracias por entenderme a pesar de mi locura.
Gracias por enseñarme a cuidar de los detalles.
Gracias por dejarme quererte y quererme.
Gracias por tan buenos momentos que hemos compartido hablando, leyendo, recitanto,... y gracias por enseñarme que hasta en lo más insignificante y cotidiano se esconde un verso.
Gracias por enseñarme que la vida es poesía.
Gracias por ser tu misma, por ser especial, por dar todo sin mirar a quien.
María no cambies y no olvides que a pesar de todo y por encima de todo está Dios. Que por muy incomprensible sea loo que nos acontezca en Dios todo tiene sentido, todo está completo y que poniendo nuestra vida en Sus manos, viendo la vida desde arriba, todo adquiere una dimensión especial, distinta, plena.
Yo tampoco te quiero perder de vista, compañera del alama, compañera.
Intentaré no responder a los comentarios y dejarlos ahí, sin réplica,para que vuelen sin trabas pero esta vez voy a hacer una excepción. Pedro, eres un ángel. Fuiste un alumno perfecto, un ser de luz que me enseñaste el camino desde tu pupitre. Te deseo toda la suerte del mundo. Me han emocionado tus palabras. Creo que no merezco tanto. Te adoro porque te meeces todo el amor del mundo.
ResponderEliminar